Terrores nocturnos… Pesadillas

Ago 05

Terrores nocturnos… Pesadillas

@Juan_Zamo

– A dormir!…

Son palabras que Lucía conoce, respeta y acepta.

Por fortuna, Lucía no ha dado problemas para dormir, más que los normales de cualquier niño a su edad. Pero nunca hemos sufrido porque no quiera dormir, o porque no pueda. En otro momento, comente que Lucía duerme sola desde que tiene 4 meses, y seguimos los pasos del libro “Duérmete niño” de Estivill. Así que no sé si por eso, o porque ella es así, pero nunca hemos tenido problemas a la hora de dormir.

Hasta hoy.

Y es que no creo que sea problema por haber hecho algo mal o equivocadamente, sino que creo que es algo por lo que pasan casi todos los niños cuando empiezan a tener conciencia de la oscuridad (miedo innato en el ser humano) y a tener sus propias historia en su mente, como los cuentos, las brujas, los monstruos, etc etc.

Alguna vez, pero de forma puntual, se había despertado de madrugada gritando porque algo le daba miedo, pero es que en las últimas semanas, ha tenido unos días casi seguidos de esos miedos, y claro, me puse a informarme de que es, porque pasa y como podría solucionarlo, si tiene solución.

Aun hoy, dormimos con esa cámara que la vigila cada segundo en la noche. Es cierto, que lo hacemos más por nosotros que por ella, o por lo menos así lo veo yo. Dormimos más tranquilos sabiendo si le pasa algo o no, sin que ella sepa que la estamos “vigilando”. Personalmente, creo que deberíamos de darle mejor vida a la cámara. La sobreinformación no hace más que alarmar sin sentido. Que yo sepa, a mí nunca me vigilaron con cámara ni radio….y no tengo traumas, así que pienso que el trauma por no tenerla es mas para los padres que para los niños. ¿por qué digo esto de la cámara? pues porque los días que ha tenido pesadillas no ha hecho falta la cámara para saber que estaba teniendo un mal sueño. Se escuchaba perfectamente desde nuestro dormitorio.

Sería las 4 de la madrugada, cuando empezamos a escuchar gritos, como si estuviera es una situación realmente angustiosa. Obviamente, nos levantamos como un resorte y fuimos a su habitación. Estada dormida, pero de pie en la cama, agitando piernas y manos en el aire. Solo cuando encendimos la luz y la cogimos, se calmo. Nos llevo unos 10 minutos calmarla, y pasado ese tiempo, volvimos a dormirla. Volvió a ocurrir a los 10 minutos. Así que decimos, esa noche, acostarla con nosotros, para que se sintiera segura. A los 15 minutos, en nuestra propia cama, volvió a suceder. Agitaba las manos y pies soñando quien sabe qué, y gritaba que “NO, NO, NOOOO”. Entonces la despertamos y hablamos con ella. Nos contó que había un monstruo, que la quería coger… Después de un rato charlando con ella, se volvió a dormir, y ya no paso más. Sobra decir, que desde que se durmió hasta la hora de levantarse, no pude pegar ojo vigilándola.

Pasó la misma historia varios días seguidos, y fue entonces cuando empecé a preocuparme, no por el hecho, porque es normal que un niño alguna vez tenga pesadillas o miedos nocturnos, sino porque se volviera algo habitual y rutinario, y pudiera ser un problema para ella y para nosotros.

Me informé, leí, busque casos e incluso hable con sus profesores.

Existen dos tipos de trastornos nocturnos. Los terrores nocturnos y las pesadillas.

Las pesadillas son más comunes. Las pesadillas son sueños provocados por vivencias o la imaginación del niño, que hacen revivirlas en sueños y lo pasan mal. Las pesadillas empiezan y acaban. El niño se despierta, y recuerda lo que ha soñado. Suelen ocurrir en etapas de estrés o épocas de cansancio de los niños, como verano o al empezar el cole. Estas van desapareciendo con el tiempo

Los terrores nocturnos son diferentes. El niño no recuerda normalmente lo soñado, y aun teniendo el terror nocturno dormido, no se despierta y continua con el miedo después de incorporarse en la cama. El terror suele comenzar, al contrario que las pesadillas, en una fase NO REM, y si se alarga esta etapa, es conveniente consultar a un profesional.

Lucía, pasado unos días, parece que han acabado esas pesadillas, con pequeñas directrices que nos indico su profesor, como tratar el tema como algo normal, o despertarla una hora después de conciliar el sueño, y volverla a dormir. Hoy por hoy, y que dure, parece que Lucía no ha vuelto a tener esas pesadillas.

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