Me pongo de pie, me vuelvo a sentar

Feb 28

Me pongo de pie, me vuelvo a sentar

@Juan_Zamo

¿Quién no ha escuchado esa famosísima canción de Teresa Rabal en su circo?… vale, quizás me dio un latigazo de nostalgia a ocurrírseme ese título para mi entrada.

Pues como no, Lucía empieza a experimentar la vida sobre dos pies. No podemos decir que sea un paso firme, pero poco a poco, da miedo de cuanta autonomía gasta.

Con esos días que ha estado quedándose en casa y faltando a la guardería, en casa hemos estado intentando estimularla lo máximo posible.

Todas las tardes, le acolchamos el salón, si, tal y como suena. El suelo lo cubrimos con esos puzles que venden con dibujos diversos. Los suyos son de BOB ESPONJA, que no sabemos por qué, y aún siendo tan pequeña, le llama la atención esos dibujos y supongo que por los colores. Rodeamos todas las esquinas de cojines, y los filos de la mesa, los cubro con esos flexiespaguettis (o corcho panes) que venden para las piscinas.

En los primeros días, dudaba si era capaz de andar por esos sitios, pero con la seguridad de nuestras manos, se atrevía a experimentarlo. Viendo que era capaz, le hemos comprado zapatitos con suela dura, para que sienta mejor le suelo y pueda desenvolverse mejor con el entorno.

A los pocos días, casi sin ayuda, ella se pone de pie, y explora por su alrededor, siempre acolchado.

Caídas y más caídas, unas más aparatosas que otras, pero por suerte, las medidas tomadas han dado sus frutos. Tanto el suelo (porque si no, menudos cabezazos se habría dado), como el flexiespaguetti puesto en el filo de la mesa (he de decirlo, es todo un invento que se me ocurrió y me ha salvado más de un coscorrón) han sido de gran utilidad y los aconsejo a todos los que tengan mesas en casa con filo de cristal.

Después de varias semanas, casi no necesita ayuda. Ella quiere ir al suelo y tocarlo todo, cogerlo todo. No soy partidario de apartarlo todo para que no pueda coger nada. Me gusta que todo esté en su sitio y prefiero “educarla” haciéndole saber que puede coger y que no debe tocar. No por tener un niño, debo de guardar todos los adornos de casa. Y parece que va entendiéndolo. Sabe que hay cosas que no debe tocar o coger y cuando la tentación de hacerlo le aparece por su cabecita, me mira como pidiéndome permiso, pero sabe que no se debe tocar, y no lo hace.

No por esto no coge lo que no debe. Digamos que esto es un intento mío por educarla, pero nadie me libra de que coja lo que no debe, y es normal. Que si ha tirado un adorno, que si ha cogido el mando y lo ha tirado, que si ha revuelto el orden de los papeles…. Intento hacerle entender que no se hace, pero es inevitable que lo haga y así debe ser. Es su trabajo como hija, y el mío como padre es reordenarlo todo.

 

Por reyes, su tía le regaló un corre pasillos. Me encanta cuando experimenta con él. Abre y cierra puertecita del asiento, pulsa los botones, baila con la música, pero cuando lo coge para andar, se acelera de tal manera que acaba cayéndose. Hace tan solo unos días, lo sigue usando, lo coge, pero ya lo controla de forma que va despacio, y es capaz de controlar la velocidad a la que anda con el corre pasillos.

 

La verdad es que es una maravilla ver como evoluciona. Calculo que cuando cumpla el año, este andando solita, y bien. Veremos cómo avanza.

 

Y vosotros, ¿Cuándo empezasteis a disfrutar la evolución total de vuestros hijos?

 

Compartid vuestra experiencia!

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